
Dedicado a Noel Gallagher (con increíble afecto).
05/05/2009
Movistar Arena
Faltaban unos diez minutos para las ocho cuando nos decidimos a entrar al Movistar Arena, luego de haber comprado, un rato antes, las dos últimas Platea Baja que quedaban en Ticketmaster. Fue pura casualidad nuestra ida a Oasis; si bien, pensábamos en ir, no contábamos con que íbamos a tener que comprar entradas más caras; pero así es la vida, y los conciertos terminan convirtiéndose en razones sublimes para el endeudamiento.
Entramos un poco desorientados, no teníamos idea de nada de lo que estaba pasando; minutos antes Matías nos comentaba que teloneaban los Primavera de Praga (la única información que manejábamos sobre el concierto, era que empezaba a las nueve). Tampoco sabíamos que las entradas eran numeradas, lo que significa que el asiento está reservado hasta el final; incluso si faltábamos, los acomodadores debían cumplir con la obligación de evitar que alguien se sentara en nuestros puestos. De haberlo sabido, probablemente hubiésemos comido algo afuera, en el mundo real, donde los precios son accesibles para el chileno promedio.
A las ocho subió a tocar Primavera de Praga.
Me asustaron en un primer momento: al ver al vocalista y al resto de la banda, considerando que soy corta de vista, pensé que eran Teleradio Donoso. Hubiese dado lo mismo, no me gustaron. Fue una media hora aburrida; la banda tocó bien, pero su música no me llamó la atención, me pareció poco original (y esto lo digo muy consciente de que me gusta Oasis).
La siguiente media hora fue peor, porque los minutos pasaban lentísimos. Ni siquiera pude hablar con Manuel para pasar el rato, porque estaba molesto (no quería ir), así que tuve que empezar a sacarme las costras que tenía en mi muñeca izquierda; costras de los cortes que me hice la semana anterior, cuando pensé que me iba a perder el último concierto de Oasis en Chile en mucho tiempo. Todo por culpa del TV Cable: no tengo Internet, no tengo radio, veo muy poca televisión abierta y difícilmente salgo a la calle. En el Sony habían anunciado que esta iba a ser la última gira de Oasis, porque, debido a problemas entre los Gallagher, iban a tomarse un receso de cinco años. Ésta era una razón de peso para ir y fue uno de los argumentos que usé para intentar convencer a mis amigos y a la Yasmín.
En fin.
Entre tanto pensamiento e ida al baño, dieron las nueve de la noche.
He descubierto, desde que empecé a asistir a conciertos -hace muy poco-, que el mejor momento de la noche, pase lo pase, toque quien toque, son los minutos antes: cuando el reloj marca la hora indicada, se apagan las luces y empieza la batahola.
Alguien puso play a “Fuckin’ in the Bushes” y me sumé a los gritos, con saltos y con el corazón acelerado. Si mal no recuerdo el primero en aparecer y dar un saludo ininteligible fue Liam (dicho sea de paso: cada palabra suya era confusa); luego de su saludo, lanzó algunas botellas de mineral sin gas a Cancha VIP, mientras se sumaba, de a poco, el resto de la banda.
Estuve a punto de derramar mi primera lágrima de emoción cuando apareció Noel Gallagher. Mis ojos se humedecieron; pensé que la famosa lágrima sería por Oasis, ya que no fue ni por Radiohead ni por Sonic Youth… pero no, el pudor no me lo permitió.
El concierto abrió, cuando todos los integrantes tenían instrumento en mano, y dejó de sonar “Fuckin’…”, de la misma forma en que decidieron abrir ese glorioso primer disco, Definitely Maybe: con “Rock’n’Roll Star”. Fue una buena forma de empezar, todos nos prendimos y nos pusimos a saltar y cantar. Los de la Platea de enfrente agitaban con fuerza las banderas del Reino Unido que habían llevado. Chris Sharrock lanzaba las baquetas al aire y las tomaba para seguir tocando, lo que me pareció un híbrido entre Ian Paice y Steve Shelley. Cuando fallaba en el arte de lanzar las baquetas y éstas se iban al suelo, sacaba otra quién sabe de dónde y seguía con lo suyo.
Luego tocaron “Lyla”, para seguir con “The Shock of the Lightning”, el primer single de su último disco, “Dig Out Your Soul”. Y aquí tengo que detenerme un poco:
Para mí, como fan de Oasis, es difícil hablar sobre DOYS; creo que es un disco extraordinario, lo mejor que han hecho después de “Definitely Maybe”. Mi problema es la objetividad: no sé realmente si alguien que no está acostumbrado a escuchar a Oasis lo considere un buen disco, no sé si es un buen disco fuera de mi cabeza. Me parece que, por fin, después de años, Oasis se reivindica con el álbum (dejando de ser una banda que saca singles buenos, pero disco irregulares). Creo que ir a escuchar estas canciones en vivo era otra de las grandes razones por las que, para mí, este concierto era un must y juega a favor de mi argumento lo bien que sonaron esa noche.
Después de “The Shock of the Lightning”, tocaron “Cigarettes and Alcohol” y “The Meaning of Soul”, un tema tan corto que ni parece que hubiese sonado. Siguieron dos canciones de DOYS: “To Be Where There’s Life”, compuesta por el guitarrista Gem Archer, una de las mejores de la noche, por lo sicodélica que sonó (mucho más interesante que en estudio), incluso a Manuel le gustó; continuaron con “Waiting for the Rapture”, canción cantada por Noel, la primera de la noche, y en ese momento, Liam desapareció del escenario (como sucedió cada vez que Noel hizo de vocalista). Al finalizar “Waiting for the Rapture” le acercaron una guitarra clásica a Noel, quien aprovecho la breve instancia para compartir algunas palabras con el público y de paso presentó la canción que proseguía en el setlist: “The Masterplan”. “The Masterplan” es una de mis favoritas y también fue uno de los puntos altos de la noche, por lo bien que sonaba coreada con la potencia de los fanáticos.
Siguieron con: “Songbird”, tema compuesto por Liam; “Slide Away”, con solo de Gem, a pesar de lo “ido” que se veía; “Morning Glory” que desde lejos y con la energía del bajo de Andy Bell, sonaba a una versión rápida de “The One I Love” de REM; “Ain’t Got Nothin’”, otro tema de Liam de DOYS; “The Importance of Being Idle”, beatlesco single de Don’t Believe the Truth, cantado por Noel; “I’m Outta Time”, single de DOYS compuesto por Liam, una canción hermosísima, con Noel en guitarra clásica. Pensé erróneamente que Liam iba a tocar guitarra en sus temas, pero sólo se dedicó al pandero (que lanzó a Cancha VIP en determinado momento) y a la voz.
Noel aprovechó la guitarra de palo para tocar uno de los clásicos absolutos de Oasis. Liam se acercó al micrófono y anunció que iban a tocar una canción hermosa llamada “Wonderwall”. Cerca de nosotros había un grupo de fanáticos, de esos mad fer it, que cantaron y cabecearon durante todo el concierto; uno de ellos al escuchar que seguían con “Wonderwall”, se disgustó y les gritó que no, que no tocaran esa; frustrado se sentó (todos estábamos de pie, ¡al carajo los asientos numerados!) y estuvo callado durante toda la canción, probablemente esperando que terminara pronto, lo que me recordó a los líos que trae “Creep” entre los fans de Radiohead.
En “Wonderwall” bajaron las luces y se podían ver sólo las pantallas LCD de las cámaras digitales y celulares, como, antaño, veíamos las pequeñas llamas de los encendedores. Se veía lindo. De más está decir que todos la cantamos.
Luego de “Wonderwall” tocaron otro clásico noventero del Definitely Maybe: “Supersonic”. Después de esta canción se despidieron y bajaron del escenario. Pasaron algunos minutos antes de que volvieran Noel, Gem y el tecladista para tocar una versión acústica de “Don’t Look Back in Anger”. Un momento plagado de luces de LCD nuevamente, muy emotivo, con el coro cantado por el público. Una tipa que estaba frente mío llamó a alguien y acercó su mano con el celular al escenario mientras cantaba afectada.
Otra gran canción de DOYS sonó esa noche: “Falling Down”. Aún sin Liam en el escenario, pero con Andy y Chris. Y ésta fue la última del disco. El concierto ya se acercaba a su fin cuando Noel empezó a tocar las notas de esa colosal composición de (What’s the story) Morning Glory: “Champagne Supernova”. Liam subió al escenario y fue el clímax. Qué bien tocan en vivo, qué bien sonaron durante toda la noche.
A esa altura, de tanto mirarlos, parecían proyectados por mi cabeza, imaginados. Después de un rato los ídolos se transforman en imágenes en movimiento, pierden su realidad por el hecho de mantenerse ahí, pero lejos, intocables. Cerraron con un cover de The Beatles que aparece en The Masterplan: “I Am The Walrus”.
Considerando la cantidad de hits que tiene Oasis, difícilmente voy a asistir a un concierto tan coreado como este.
De todas formas, a pesar de lo bien que lo pasé, me quedó la sensación de irrealidad; la sensación de que pasó, estuve ahí, pero ya se fue la emoción. Como volver de un viaje con la impresión de que fue un sueño. Manuel y yo sabíamos que no habría otro encore, así que nos fuimos; fuimos de las primeras personas en dejar el Movistar Arena. Teníamos hambre. A la salida conversamos sobre qué íbamos a cenar. Obviamente seguimos con nuestra vida normal, como si nada hubiese pasado.
7 septiembre 2009 a las 2:33 am |
La contraseña es lataverna5
Saludos!
13 octubre 2009 a las 3:13 am |
Misch. Así que no era talla lo de tu gusto por Oasis.